Leo en la revista CONSUMER de EROSKI un interesante artículo sobre las “farolas inteligentes”. No me resisto a hablar de este tema en aras del ahorro energético y nuevas prestaciones muy interesantes. Dotadas de bombillas LED de bajo consumo, han dado un salto tecnológico que suma a ese menor consumo una serie de grandes prestaciones que si hoy son ya muy interesantes, lo serán mucho más en el futuro inmediato. 
Basadas en principio en el ahorro energético respecto a otros tipos de farolas, debido al uso de LEDs como luminarias. Las bombillas LED pueden llegar a producir un ahorro de hasta el 90 % del consumo de electricidad para dar la misma luz que las tradicionales.
Pero veamos la cantidad de ventajas que llevan ya incorporadas y que pueden aumentar en el futuro:
  • La primera, ya citada, la del ahorro energético, de hasta un 90 % que conlleva, además, la consiguiente reducción proporcional de los gases de efecto invernadero al reducir el consumo de electricidad.
  • Ahorro en coste de electricidad, del mismo porcentaje que el ahorro energético
  • Ahorro en costes de mantenimiento: las bombillas LED duran muchísimo más que las normales, por lo que el cambio de bombillas (mantenimiento) se produce muy de tarde en tarde.
  • Mediante sensores, se encienden y se apagan en función de la luz y del tráfico o de personas detectadas.
  • Evitan de este modo además del derroche de luz cuando no hay nadie a quien iluminar, una parte de la contaminación lumínica de las ciudades.
  • Mediante sensores, pueden controlar la temperatura, la humedad, el ruido y las emisiones de dióxido de carbono (CO2). La información recogida se envía vía telemática, a la central de datos.
  • Pueden reducir la iluminación un determinado porcentaje a partir de una hora de la noche, en paseos o avenidas donde a partir de esa hora se reduce mucho la circulación de personas y vehículos. Y si detecta movimiento, sube la iluminación.
  • .Pueden detectar plazas de aparcamiento libres, el exceso de velocidad de los vehículos, ver y avisar de posibles accidentes, atracos, etc.
  • Pueden hacer seguimientos de personas incapacitadas, mayores, enfermos, invidentes, etc.
Son varias ya las ciudades españolas que empiezan a instalar estas farolas “inteligentes”. Si bien la instalación es más cara respecto a las farolas normales, se amortiza rápidamente por el consumo reducido y además nos pueden facilitar prestaciones como las que he citado. Y las que vendrán.
Solo veo un problema: Hoy ya puede controlarse la velocidad, los aparcamientos, etc. Eso es una ventaja para los ayuntamientos, pero podría derivar en una posible aplicación para freírnos a multas, como sucede con los radares actuales.
Pero hay una posible aplicación que no deja de preocuparme: estas farolas pueden convertirse en el “gran hermano” que todo lo ve. No. No estoy hablando del invento del Gran Hermano televisivo que según dicen, tiene mucho éxito aunque yo no perdería cinco minutos viéndolo. Estoy hablando de la novela de George Orwell “Mil novecientos ochenta y cuatro”, donde se novelaba una sociedad de “partido único” que lo tenía todo vigilado y controlado. Que el Gran Hermano lo veía y se enteraba de todo. Que la vida de todos y cada uno de los ciudadanos estaba permanentemente vigilada y controlada…Y eso podría llegar en cierto modo, si, desde las inteligentes farolas, los ayuntamientos, los partidos o el estado nos quisieran controlar impidiéndonos disfrutar de nuestra privacidad, Atención a eso. Nunca debería permitirse. Una cosa es poder poner multas de velocidad y otra muy distinta sería poder CONTROLAR TODOS NUESTROS ACTOS y MOVIMIENTOS.