Las placas vitrocerámicas tradicionales supusieron un gran avance en las encimeras de cocción. Sin embargo han sido superadas por las de la nueva tecnología de inducción. Veamos las diferencias entre ellas.
 
Las vitrocerámicas se componen de unas resistencias eléctricas  que suministran el calor a las zonas donde están situadas, cubiertas con un cristal vitrocerámico, que se calienta al funcionar las resistencias y transmite su calor a los recipientes de cocina que se colocan sobre los quemadores.
 
Son fáciles de limpiar, sencillas y

hasta elegantes. Su rendimiento es idéntico a cualquier calefactor eléctrico por resistencias, y toda la energía consumida se convierte en calor. Solo se “pierde” el calor necesario para calentar el cristal vitrocerámico, que tiene una inercia térmicapara calentarse y también permaneciendo caliente después de apagarla.

 
Debido a este “calor residual”, todas llevan unos sensores que se mantienen encendidos después de apagar la placa con objeto de avisar para que no se toque pues hay peligro de quemarse.
 
Las placas de inducción son parecidas en su aspecto, pero en lugar de generar calor una resistencia eléctrica, disponen de generadores de campos magnéticos que calientan solo el recipiente donde se cocina la comida, sin calentar el cristal vitrocerámico, por lo que no existe la inercia térmica del cristal  y cuando termina, teóricamente no queda calor residual en dicho cristal.
 
Los campos magnéticos generados calientan directamente el recipiente, que a su vez transmite el calor a su contenido. Pero para ello en imprescindible que el recipiente sea de hiero o tenga componentes ferríticos.
 
Para saber si tu batería de cocina, sartenes, etc. Son aptos para la inducción, deben coger el imán. Prueba con uno de esos imanes que se ponen en las puertas de los frigoríficos para adorno o para sujetar las notas. Si atrae el imán, el recipiente es apto para las vitrocerámicas de inducción.
 
Veamos las desventajas de las de inducción:
  • Son más caras (aproximadamente el doble de las normales)
  • Precisan de recipientes ferríticos, por lo que muchas veces hay que comprarlos todos nuevos, de este tipo.
Las ventajas en cambio son las siguientes:
  • Son el doble de rápidas que las normales, empleando la mitad de tiempo en cocinar.
  • No se calienta el cristal vitrocerámico y pueden ahorrar cerca del 40 % de energía eléctrica.
  • Son mucho más fáciles de limpiar, pues al no calentarse el cristal, la comida que salpica o se derrama no se pega como sucede en las placas normales.
Una observación: aunque no se caliente el cristal por el calor de una resistencia como sucede en las vitrocerámicas normales, toman indirectamente algo de calor del recipiente caliente, por lo que hay que tener cuidado de no quemarse al finalizar la cocción.
 
Si las pruebas prácticas indican que se ahorra con las de inducción hasta un 40 % sobre las normales, veamos algunas cifras sobre el ahorro.
 
Pongamos que cada día se mantiene encendido un quemador de 2KW durante 3 horas. Al día serían 6 KWh y al año serían 2.190 KWh, que a 0,15 euros el KWh, costarían 328 euros. Si el ahorro de las de inducción es del 40 %, la cantidad anual ahorrada sería de 131 euros. Por consiguiente, en unos tres años se amortizaría el mayor coste de la vitrocerámica de inducción.
 
Además de que el ahorro es significativo, ten muy en cuenta la rapidez y la mayor facilidad de limpieza. Ahora elige la que más te interesa.