Con frecuencia me refiero en mis artículos y también en las consultas que me hacéis, a detalles de los tres factores que producen el lavado de la ropa, pero nunca los he relacionado entre sí ni he hablado de su evolución en el tiempo. En este artículo voy a explicar estos factores que producen el lavado, que son detergente, acción mecánica y temperatura. Aprovecharé para hacer una reseña de la evolución de estaros tres factores en el tiempo y sus proporciones para la obtención de un lavado correcto de la ropa. 

Primero definiré cada uno de los tres factores e iré comentando su importancia y su evolución en el tiempo.
1.- Detergente.- Hasta mediados de los años 50 del pasado siglo XX, en nuestro país se usaba el jabón en pastillas para el lavado de la ropa. Con el desarrollo de las lavadoras, llamadas de turbina, en la década de los 50, se comenzó a utilizar el jabón en escamas y en polvo. Luego, al llegar las lavadoras automáticas de tambor, similares a las actuales, en los años 60, se comenzaron a fabricar los primeros detergentes en polvo. El primero en fabricarse en España fue el COLON, cuya publicidad decía “Colón, el primer jabón en polvo, con ni poca ni mucha espuma, para su colada.” Fueron apareciendo todos los demás, evolucionando a mejor y más efectivos en el transcurso del tiempo.
La dificultad más importante del detergente”en polvo” era su difícil disolución en el agua fría. Había que calentar el agua para que el detergente se disolviera, y si no se calentaba, la disolución era baja. Esa dificultad y la consabida manía de las amas de casa españolas que echaban (y siguen echando) “una propina más de detergente” creyendo que así se lavaba mejor, hacía que gran parte del mismo no se disolviera, y fuera acumulándose en la estrella y eje de arrastre del tambor o bombo, que no se ven por la boca del mismo, sino que están detrás de la pared trasera del tambor. Eso ya era por sí mismo una acumulación de restos de detergente que además captaban la suciedad y que su composición llegaba a corroer los brazos de aluminio que arrastran el tambor, con lo que el destrozo era seguro. Eso era lo que nos ha mostrado siempre la publicidad engañosa de Calgón, diciendo que aquello era acumulación de incrustaciones de cal. Y nada más falso, pues en aquella época en España se lavaba prácticamente en frío o con muy poca temperatura del agua por lo que era imposible que se precipitara e incrustara la cal del agua, que lo hace a partir de 60 ºC
Sin embargo, no voy a negar que en aguas duras, el detergente en polvo se disolviera menos en el agua, que mejoraba si se utilizaba Calgón. 
La primera generación de detergentes en polvo era muy agresiva con el medio ambiente pues no se disolvían bien sus componentes, produciendo contaminaciones duraderas en las aguas. Al salir la segunda generación de detergentes en polvo, se añadieron enzimas y componentes biodegradables con lo que se corrigió ese problema. Se añadieron también aditivos a los tensioactivos (lo que lava) que ayudaban a blanquear la ropa, a cuidar los colores, y muy especialmente se añadíeron polifosfatos para rebajar la dureza del agua (un compuesto similar al Calgón). Por eso se dice siempre que si el agua es muy dura, añadas un poco más de detergente y se mejora su disolución.
De ahí pasamos al detergente líquido, cuya principal ventaja era su fácil y rápida disolución en el agua, incluso fría. De esa manera se podía reducir la temperatura y además se evitaban las incrustaciones del jabón en polvo, ya descritas, que son las fotografías que utilizaba (y utiliza todavía) Calgón para su publicidad engañosa. La fabricación de estos detergentes líquidos, cada vez más concentrados y mejores, fue desplazando a los detergentes en polvo y sirvieron para, entre otros motivos, rebajar las temperaturas del agua de lavado, exigencia de las lavadoras desde hace 15 años, si se quería reducir el calentamiento del agua para conseguir un menor coste y una mayor eficiencia energética. Remito a mis lectores a mi artículo sobre la cantidad de detergente que se necesita en una lavadora, donde hablaba también de este tema.
Es evidente que cuanto más efectivo sea el detergente que usemos, mayor será la contribución de este factor en el trinomio que se necesita para lavar la ropa.
2.- Acción mecánica.- Es la segunda acción necesaria para el lavado de la ropa. Algunos recordaréis, y otros lo habréis visto en el cine o la televisión, como las lavanderas lavaban la ropa en el río o en lavaderos públicos de los pueblos. Sobre una madera, piedra o cemento con resaltes, se frotaba la ropa con jabón y se restregaba sobre ese soporte rugoso comprimiéndola, apretándola e incluso dándole con una pala de madera. Esa es la acción mecánica, que debe producirse para que la ropa se frote fuertemente entre sí, para que penetre bien el jabón o detergente entre sus fibras y se produzca el lavado.
En los años 50 antes citados aparecieron las primeras lavadoras de turbina, que consistían en un caldero en cuyo fondo o al costado había una turbina de goma que agitaba el agua del lavado con el detergente. Eso hacía que la ropa fuera dando vueltas, chocando unas prendas contra otras y produciéndose así el frotamiento que conseguía el efecto de lavado.
En los años 60, con las lavadoras automáticas de bombo o tambor, la agitación se hace ya por giro del tambor con la ropa dentro, y con un nivel de agua dentro del bombo siempre inferior al centro del mismo. De esta manera, la ropa es levantada con los arrastradores, que son esos resaltes longitudinales que tiene el bombo, y que elevan la ropa al girar hasta una cierta altura desde donde “cae” sobre la solución detergente y otra ropa produciéndose un golpeteo y fricción entre sí de la ropa. También aportan su función los agujeros del tambor, por los que se introduce la solución detergente en los giros, para “chocar” con la ropa.
Desde hace 15 años hacia acá, tiempo en que se ha producido una intensa renovación de los sistemas de lavado para lograr ser más eficaces y más eficientes energéticamente, ha mejorado mucho la acción mecánica de los tambores basándose en experiencias y mejoras de los arrastradores del bombo y del número, diámetro y “cráteres” de los agujeros, por lo que la eficacia de la acción mecánica se ha elevado de manera muy significativa, contribuyendo a la mayor eficacia del lavado. 
Queda por describir el tercer factor: la temperatura, así como ejemplos de los tres sumandos que consiguen el lavado y unas comparaciones interesantes –y muy aclaratorias- para entender mejor la evolución de la eficiencia energética y el menor consumo de las lavadoras actuales sobre sus “abuelas y madres”. Pero eso lo trataré en mi próximo artículo, pues por hoy creo que ya os he cansado bastante. Ese próximo artículo os servirá para entender bien las claves de muchas preguntas y dudas que ahora tenéis. No os lo perdáis…si os interesa, claro.