No amigos lectores, NO ES CIERTA la “leyenda Urbana” que dice que es mejor dejar encendido el tubo fluorescente si vais a volver pronto a la habitación, en lugar de apagarlo. Sin embargo hay muchísima gente, incluso profesionales electricistas que dan consejos en sentido contrario: que si vas a volver a la habitación antes de: 20 minutos según algunos, media hora según otros y he oído que hasta tres cuartos de hora, dicen que es mejor no apagar la luz, pues en el momento de la puesta en marcha consumen tanto que compensa dejarlos encendidos si vas a volver pronto. 

Decía Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Y parece cierto, especialmente en “leyendas urbanas”, tan frecuentes en nuestra sociedad. 

Pero volvamos al principio. Veamos lo que ocurre en el encendido del tubo fluorescente y, por extensión, en las llamadas bombillas de “bajo consumo” que no dejan de ser tubos fluorescente más sofisticados, pero con el mismo principio de los “tubos.

No voy a profundizar (no es esta la ocasión) de explicar el funcionamiento de los tubos. Solo diré que se trata de un tubo de cristal que contiene una pequeñísima cantidad de mercurio a menor presión que la atmosférica, en presencia de unos compuestos químicos sobre el interior del cristal del tubo que al recibir una luz ultravioleta emiten luz visible. En ambos extremos del tubo se encuentra un filamento hecho de tungsteno, que al calentarse al rojo produce la ionización de los gases (argón y vapor de mercurio).

Según la Leyenda Urbana, al encenderse el tubo fluorescente, se eleva el consumo por los picos de corriente, que produce la captación de mucha intensidad. Pero estos “picos” duran milisegundos, por lo que la intensidad consumida por ellos es despreciable. 

Veamos ahora cuánto se consume en el arranque del tubo fluorescente. Como a veces no se produce en el primer “disparo” del cebador, vamos a considerar que se producen varios “disparos” y dura el encendido 5 segundos. Tomemos un tubo normal de 40 vatios (40 W). Su consumo durante los 5 segundos del arranque será de 5 x 40 W = 200 W x segundo. 
Vamos a suponer que nos vamos de la habitación después de 2 minutos (120 segundos). El consumo durante estos dos minutos ha sido de 40 W x 120 seg = 4.800 W x seg. Si en lugar de arrancar el tubo y permanecer los dos minutos encendido, que ha gastado 4.800 W x seg, imaginemos que justo después de encenderse nos hubiéramos ido de la habitación APAGANDO LA LUZ, nos hubiéramos ahorrado los 4.800 W consumidos. Pero al volver, se hubiera producido de nuevo otro encendido que cuesta de consumo 200 W x seg. Fijaros que apagando la luz nos hubiéramos ahorrado en esos dos minutos, a pesar del nuevo coste de encendido, 4.800 W x seg – 200 W x seg = 4.600 W x seg. Por consiguiente, apagando la luz al salir, nos hemos ahorrado en esos dos minutos, 4.600 W x seg. Lo que representa un ahorro (al apagar la luz durante esos dos minutos) de 4.800/200 = 24 veces que dejándola encendida. 
Hay quien dirá que todo esto está muy bien, pero que, a la larga, con tanto encendido y apagado, el tubo fluorescente, el cebador o la reactancia, van a durar menos. De acuerdo. Van a durar algo menos que podrían durar no apagandolos nunca. Pero eso cuesta mucho más dinero. Pruebas de conexión-desconexión contínua han dado como resultado que son muchos miles de veces las que hay que apagar y encender el tubo para que deba cambiarse por esa causa (apagar/encender)
Ya lo sabéis, amigos lectores: Cuando salgáis de la habitación, APAGAD EL INTERRUPTOR DE LA LUZ, aunque vayáis a volver enseguida. Y aunque sean bombillas de incandescencia, tubos fluorescentes, bombillas de bajo consumo, LEDs, etc. Apagada la luz, NO CONSUME NADA.