Este es el tercer capítulo de la serie “Los electrodomésticos de la marca HAIER, ¿Son de calidad?” Tras la primera y la segunda entrega, comienza la tercera.



Dejé la segunda cuando estaba ya preparando mi viaje a China, para visitar las fábricas de HAIER en QINGDAO. Después de varios transbordos de aviones, llegamos al aeropuerto de Qingdao. Mi maleta había desaparecido. Se lo dije a un empleado de HAIER que vino a recogernos y me llevó a una ventanilla… El funcionario del aeropuerto recibió la bronca de su vida. En chino, claro, pero temblaba como una hoja y hacía reverencias continuamente. Luego me enteré que HAIER en China es como un dios, pero en Qingdao es como todo el Olimpo. La cuestión es que al segundo día, cuando regresé al hotel, la malera estaba en mi habitación…


El primer día en Qingdao ya entramos en harina. Metidos en un minibús, nos llevaron al recinto de las fábricas de HAIER, a unos 20 kms. de Qingdao. Era el parque de fábricas (naves industriales, edificios de oficinas, sede Central, etc,) más grande que yo había visto hasta entonces.


Nos llevaron a la sede Central, la que aparece como foto en la cabecera de mi primer artículo sobre HAIER. Allí, después de visitar una a una las 8 ó 10 plantas del edificio-museo, con muestras de todos y cada uno de los aparatos fabricados por HAIER en su historia, fue donde nos explicaron la “hazaña” de ZHANG RUIMIN al mandar romper a martillazos la primera devolución de 76 aparatos por defectuosos en 1.984, cuando fue nombrado presidente del Grupo HAIER.

Nos llevaron luego a visitar varias naves (unas para lavadoras, otras para lavavajillas, otras para frigoríficos, talleres, prensas, etc). Todas ellas, en plena producción. Observé que las cadenas de montaje y los componentes eran todos originarios de la empresa italiana de Fabriano, MERLONI ELETTRODOMESTICI,

Fabricante, entre otras marcas, de ARISTON, HOT POINT e INDESIT. En 2.005 la empresa cambió de nombre y pasó a llamarse INDESIT COMPANY


Pues bien, en 2003, toda la infraestructura  de producción de electrodomésticos de línea blanca de HAIER fue vendida, montada, instalada, desarrollada y atendida por personal de MERLONI ELETTRODOMESTICI, que en aquél tiempo era una de las primeras empresas italianas en producción, aunque no destacara, precisamente, por su calidad.

Pensé: HAIER no se distingue tampoco por la calidad, y ahora entiendo por qué. Como sigan así, dependiendo siempre de terceros mediocres, no creo que lleguen muy lejos…


De allí pasamos a una nave donde había unas enormes prensas, fresadoras y maquinaria para fabricar moldes y matrices. En la maquinaria podía leerse: hecha en Alemania, Suecia, etc. Un enjambre de chinos se movía alrededor de las máquinas, otros, subidos en ellas… era una actividad febril.


Primero de mis errores con los chinos: yo pensaba, al ver las fábricas de montaje de los aparatos, que seguirían dependiendo de los italianos. Pero a la vista de esta última nave me dí cuenta que los chinos se estaban preparando para el inmediato futuro, y que pronto  no necesitarían a quien le había vendido el conocimiento de los primeros aparatos…


Tuvimos luego una reunión en la que nos presentaron el nuevo frigorífico, que según decían había sido diseñado por ellos y estaba en fase de primera producción. Alguien preguntó cómo se podía cambiar el display de la puerta, y  el chino, sin pensárselo dos veces, sacó una navajita del bolsillo, la abrió y comenzó a introducirla entre el marco del display y la superficie de la puerta. Los del Servicio de Alemania se tiraban de los pelos. No sé que decían pero sus aspavientos eran de desesperación. El chino consiguió rayar el marco y la puerta del frigorífico, pero no supo o no pudo desmontar el display.


Estábamos todavía con el chino manipulando su navajita cuando nos llamaron para ver al director de la planta de lavavajillas. Pensé: esta es la mía. El hombre nos recibió con amabilidad y nos pidió opiniones. Todos pusimos verde al lavavajillas, pues en todos los Servicios había sucedido lo mismo. Yo añadí que INDESIT les había colocado toda la cadena de fabricación de ese aparato, y toda la matricera y componentes al desecharla éllos.. El chino lo aceptó, y sin inmutarse nos pidió que le siguiéramos. Nos llevó al laboratorio, donde tenía dos lavavajillas iguales. Iguales por el exterior, pero al abrirlos nos fue enseñando uno a uno los puntos negros del creado por INDESIT, y en el de al lado, las soluciones que ellos, los chinos, le había dado a los problemas. También dijo que estaban preparando su PROPIO modelo de lavavajillas para el siguiente lanzamiento.


Segundo de mis errores: yo creía que los chinos ni se habían enterado de los problemas y su origen y resulta que en poco más de un mes habían dado una solución –aunque fuera de “parche”- a los puntos negros heredados de INDESIT.


Al día siguiente tocaba la Universidad de HAIER, donde yo debía dar una conferencia sobre Asistencia Técnica, igual que otros tres colegas (alemán, inglés y el otro no recuerdo). Pensé: lo que voy  a decir lo tengo claro. De todas formas, mañana, en el minibús que nos llevará de Qingdao a las fábricas, pensaré         el orden de mis exposiciones…


Ahora que me doy cuenta, esto se está haciendo muy largo y supongo que pesado para el lector. Mañana, como decía en el párrafo anterior, hablaré de la Universidad de HAIER y de otras cosas…