Un lector anónimo, que ha dejado un comentario en mi artículo , afirma que los emisores térmicos SI AHORRAN energía, debido a los “fluidos” que tienen esos radiadores, que hacen que tarden más en perder el calor, por lo que un radiador convencional con termostato está encendido el 80%-90% del tiempo que está conectado y los de bajo consumo lo están bastante menos, el 50%-60%.por lo que se nota la bajada de consumo, no en la potencia que necesitamos para calentar el radiador. Vamos a analizar los argumentos del lector.

 
Primeramente hago un comentario previo. Cualquier oficio, por sencillo que sea, necesita un aprendizaje práctico. Eso lo tenemos todos bien claro. Pero hay algunos “oficios” que además de un aprendizaje práctico se necesitan unos conocimientos previos. Tal es el caso de un especialista en calefacción, que necesita conocer algunas bases de electricidad y de física para poder entender el funcionamiento de los aparatos que maneja. Solo de esa manera podrá trabajar, entender y aconsejar a sus clientes con conocimiento de causa.
 
Veamos el comentario completo del lector. Dice así:

He leído tu artículo y creo q omites información para tratar de convencer de tu creencia. Estoy de acuerdo en lo que dices q los W son watios donde los pongas y por donde los mires, y ahí tenemos las calorías, los que somos del ramo lo tenemos claro. Pero aquí vienes lo q obvias, los fluidos que deberían tener los radiadores de bajo consumo, tardan mucho más en perder el calor que una simple resistencia, por tanto mientras que un radiador convencional con termostato está encendido el 80%-90% del tiempo que está conectado, los de bajo consumo lo están bastante menos, de ahí que si comparamos el 50%-60% contra los 80%-90% de tiempo que está encendido es donde notamos la bajada de consumo, no en la potencia que necesitamos para calentar el radiador.

Espero haber aportado algo de información y haber sido respetuoso”.

Estamos en un caso de conocimientos prácticos a los que les falta unos conocimientos teóricos bastante simples, pero imprescindibles. En primer lugar creo que nuestro lector confunde los términos de potencia y energía. La POTENCIA de un aparato eléctrico es la capacidad que tiene de producir una engría o trabajo. Si el aparato (un motor, por ejemplo) tiene 500 vatios de potencia, en funcionamiento podrá dar una cantidad de energía (trabajo mecánico). Si tenemos un motor de 1.000 vatios de potencia, será capaz de facilitar el doble de potencia que el anterior. Lo mismo sucede con una resistencia eléctrica que pueda dar una potencia de 500 vatios, será la mitad de potente que una de 1.000 vatios. Eso está muy claro. Lo que no lo está tanto para el lector es la cantidad de energía que puede consumir el calefactor, que no depende solo de su potencia, sino también del tiempo de funcionamiento. Por ejemplo: en el caso de la resistencia, la energía consumida durante dos horas por el calefactor de 500 W (0,5 kW) será de 0,5 kW x 2 horas = 1 kWh, que es lo que pagamos. Si ponemos la resistencia de 1.000 vatios (1 kW, durante 1 hora, tendremos un consumo energético eléctrico también de 1 kWh . Así pues el consumo de ambas resistencias resulta el mismo, ya que el consumo de ENERGÍA es la potencia del aparato (W) multiplicada por el tiempo (horas). En ambos casos la energía consumida es de 1 kWh. Queda claro que el consumo de energía de un aparato no depende de su potencia, sino de la potencia y del tiempo durante el que consume.
 
Dicho esto vayamos a un principio físico: se trata de la primera ley de la termodinámica, que dice: “la energía ni se crea ni se destruye, solamente se transforma”. Por ejemplo, la transformación de la energía eléctrica en emergía calorífica
 
También en física se demuestra que 1 kWh de energía eléctrica se puede transformar en 860 kilocalorías. Fijémonos que no especifica el aparato que transforma la energía. Porque es igual cualquier aparato que caliente por resistencia eléctrica
 
Pasemos ahora a un ejemplo concreto: un radiador eléctrico sencillo, sin “fluidos”, de los de toda la vida (de los baratos), de una potencia de 1 kW. Y comparémoslo con otro radiador de última generación, con fluido caloportador del máximo rendimiento calorífico y de un calor específico sensacional. Eso sí: de igual potencia y funcionando durante el mismo tiempo: de 1 kW. Ponemos ambos aparatos en funcionamiento durante 1 hora. Al cabo de ese tiempo, tanto uno como otro aparato habrán consumido 1 kWh, y en ambos casos ese kWh se habrá transformado en 860 kilocalorías de energía calorífica, aportada al ambiente donde se encuentren. Así pues, ninguna diferencia en el consumo eléctrico ni tampoco en el calor generado. ¿Dónde está el supuesto mayor rendimiento del súper mega emisor térmico? En ninguna parte, porque no existe.
 
Inmediatamente el lector del comentario dirá: el emisor térmico consume menos porque aguanta más el calor cuando termina de funcionar. Pues claro, estará enviando calor al ambiente durante unos minutos. Devolverá al ambiente la misma cantidad de calor que NECESITÓ para alcanzar la temperatura ese líquido añadido al circuito. ¿O es que ese fruido (aceite) CREA el calor que luego cede? Pues no. Cede el calor que primero tomó”prestado”, hurtándoselo al ambiente, para calentarse él mismo. Y luego, cumpliendo la ley citada de la termodinámica, cede al ambiente ese calor que tomó prestado al principio, para que se siga cumpliendo aquel principio de que “la energía ni se crea…etc). El viejo calefactor, como no tomó prestado calor para calentar el aceite, cuando lo apagamos, deja de emitir calor, pues al principio no se lo robó al ambiente,  pues cedió todo el generado desde el primer momento.
 
Luego nuestro lector alega que en el caso del emisor térmico “está conectado menos tiempo que el radiador normal”. Una cosa es estar “conectado” y otra muy distinta estar CONSUMIENDO. Si medimos el consumo (energía consumida) por ambos aparatos durante una hora (o el tiempo que sea) comprobaremos que hay frecuentes conexiones y desconexiones del consumo. Pero la suma total de los tiempos reales de consumo será IDÉNTICA. Caso contrario, toda la termodinámica se vendría abajo….Recuerda siempre eso tan fácil: “la energía ni se crea…, etc”. Por lo tanto, a igualdad de energía eléctrica consumida (los kWh que se pagan), igualdad TOTAL de calor producido y enviado al ambiente.
 
¿Ha pensado el lector en cuestión alguna vez el por qué los aparatos de calefacción por resistencia eléctrica NO LLEVAN NUNCA ETIQUETA ENERGÉTICA? Pues es porque la etiqueta energética le sirve al comprador para ver de comprar el más eficiente, el que menos energía eléctrica consuma o más calor dé con la misma potencia. o para hacer un mismo trabajo, como son las lavadoras, lavavajillas, frigoríficos, aire acondicionado,.. etc. Pero NUNCA encontrará un calefactor eléctrico con etiqueta energética pues TODOS CONSUMEN LO MISMO. Su rendimiento es del 100 por 100, ya que el objetivo de estos aparatos es transformar en calor la totalidad de la energía eléctrica consumida. Y son tan eficientes que la transforman en su totalidad en calor. Otra cosa sería un motor, que puede tener un rendimiento alto, por ejemplo, un 90 %. Eso significa que la energía consumida la transforma “casi” toda en trabajo (giro del motor) pero pierde un 10 %, que lo “desperdicia ” transformándolo en calor.
 
Termino mi artículo copiando las mismas palabras que el lector anónimo me dejó en el comentario: “Espero haber aportado algo de información y haber sido respetuoso”.