Hace algo más de un año (2/10/2010) que escribí en mi blog el artículo  Calefacción por estufa de butano, simple y muy barata. Nunca imaginé que este sencillo artículo llegaría a ser de los más leídos de mi blog. Eso me alegra mucho pues entre la abundancia de información sobre el tema, muchos habéis escogido el mío.
 
Como ocurre con otros de mis temas, si mis lectores lo han distinguido con su lectura masiva es porque les resulta de interés, lo que representa el objetivo final de mi blog: ayudar desinteresadamente a mis lectores a conocer suficientemente los temas tratados para que puedan formarse una opinión que les permita, como en este caso, decidir sobre las opciones de compra de aparatos o sistemas.

Pero antes de continuar me voy a tomar una pequeña licencia: informaros que éste es mi artículo número 200, escritos en mi blog desde el comienzo el día 3 de Agoste de 2.010. Aprovecho para daros a todos las gracias y muy especialmente a los que me escribís comentarios en mis artículos, lo que me demuestra vuestro interés y muchas veces la satisfacción de haberos sido útil.
Vuelvo al tema de hoy, las estufas de butano. Realmente no había detectado yo últimamente novedades de orden técnico en estas estufas. Solo tenía conocimiento del auge de estos aparatos de calefacción, los más económicos de coste de adquisición y sobre todo de consumo y también sin coste de instalación.
Este incremento de demanda se está produciendo por la grave crisis económica que nos afecta y que exige a numerosas familias rebajar costes en todos los sentidos y, de cara al invierno, muy especialmente en los elevados costes de  la calefacción.

El origen de este nuevo artículo viene de un lector “Anónimo” que ha dejado su comentario en mi blog, en el artículo ya citado de las estufas de butano, y que al hacer preguntas que considero pueden ser de interés general, como hago habitualmente, las contesto mediante un nuevo artículo, con lo que consigo mayor difusión de la pregunta y las respuestas. Voy a ello.

Dice mi amable lector y comentarista lo siguiente:

“Interesante tu artículo me ha sacado de varias dudas que tenía pues estoy buscando formas de ahorrar en casa. Me gustaría conocer tu opinión sobre la eficiencia de una estufa de gas normal frente a una de llama azul, y en concreto me gustaría preguntarte acerca de cuánto gas aproximadamente deja sin usar en cada bombona una estufa de gas normal. Gracias y un salud”
Amigo “Anónimo” (¿Cuándo vais a poner un nombre o un seudónimo en vuestros comentarios para poder dirigirme a vosotros en mis comentarios?). Por tu comentario he sabido, por primera vez que existen estufas de gas “normales” y otras “de llama azul”. Pensando que se había descubierto algo nuevo, he buscado entre fabricantes, anunciantes y todo lo que he encontrado en la Red, y he llegado a las siguientes conclusiones sobre la “llama azul”, llamada por otros “tecnología azul”.
No he encontrado absolutamente ninguna explicación de la dichosa novedad en tecnología. Nadie explica el significado de esta frase. Unos dicen que “se ve una llamita azul” en el quemador”. Veamos: la combustión completa del butano (la correcta), produce llama azul. Si le falta aire, la llama amarillea o es rojiza. O sea que la llama azul es lo normal y lo que debe suceder siempre en cualquier estufa de butano.
En otros sitios he leído (DELONGHI) “estufas de butano con tecnología de quemador azul, de acero inoxidable” dice textualmente El quemador exclusivo de llama azul proporciona un calor potente junto a emisiones bajas”. Y eso es todo, ni más ni menos. El quemador potente depende de la cantidad de gas que circule por él, y eso simplemente es un dato, no una ventaja ni desventaja. En cuanto a “bajo en emisiones” es lo normal: un quemador bien regulado debe tomar, junto al gas, el aire necesario para la combustión. La cantidad correcta de aire se reconoce por el color azul de la llama (ni amarilla ni rojiza).
Pero me estoy dando cuenta que este artículo se está extendiendo mucho y no quiero hacerme pesado. Dejo para el próximo artículo la continuación, al tema de los quemadores y del monóxido de carbono (gas venenoso) y del anhídrido carbónico, productos ambois de la combustión del gas y su peligrosidad.
Queda también pendiente de contestar la pregunta de cuánto gas queda en la bombona sin utilizar, y otras consideraciones sobre el butano y el propano, sus diferencias y ventajas de cada uno, para decidir en qué casos es necesario o conveniente usar un tipo de gas u otro. También hablaré brevemente sobre las estufas de exterior (y del gas necesario para su funcionamiento), que tanto abundan en las terrazas en invierno y que permiten disfrutar del aire libre sin pasar demasiado frío en invierno.