Puedes ahorrarte la sal del lavavajillas en la mayoría de los casos. Solo cuando la dureza del agua sea muy alta, superior a 40º hidrotimétricos franceses, deberás poner sal. Por debajo de esta dureza, puedes solucionarlo fácilmente, ahorrándote la sal. Vamos a ver cómo y por qué.
En el caso de las lavadoras se puede lavar en frío si la ropa no está excesivamente sucia, pero no ocurre así en el lavavajillas, donde en el ciclo de lavado es preciso usar agua caliente (al menos a 50º C, para poder eliminar la suciedad y en el aclarado caliente (último), para dejar la vajilla a temperatura elevada para que pueda secarse luego en el siguiente ciclo.
En este aparato sí es preciso rebajar la dureza del agua, para evitar las deposiciones de cal en vajilla y cristalería en forma de película blanquecina. Solo si el agua es dura, por encima de 15º, convendría utilizar el descalcificador del lavavajillas usando sal. Pero hay otro sistema: actualmente existen unas pastillas o cápsulas FAIRY, por ejemplo (ver http://www.pg.com/es_ES/ ) que lo llevan todo incluído: detergente, ” función sal”, desincrustante de grasa, protección del cristal y abrillantador.

La función sal es efectiva hasta una dureza de 38 º (según el fabricante) por lo que en la inmensa mayoría de los hogares españoles no sería necesario usar la sal utilizando un tipo de pastillas como éstas.

Si la dureza es superior, es necesario añadir sal. Los lavavajillas llevan un aparato llamado descalcificador, que incluye un depósito que se debe llenar de sal. Cuando entra el agua en los ciclos de lavado y aclarado final, el agua necesaria pasa por el depósito de sal, donde recoge el sodio de la sal, y luego por el descalcificador, donde cede los iones sodio a las resinas, intercambiándolos por iones de calcio y de magnesio (responsables de la dureza del agua). De esta menera, el agua entra en la cuba libre de cal y magnesio, que se ha quedado en las resinas del descalcificador. Durante el ciclo de secado, se produce una entrada de agua salada en el depósito de las resinas, con lo que se “regeneran” absorbiendo el agua los iones de calcio y de magnesio y cediendo a las resinas los iones sodio, dejándolas preparadas para volver nuevamente al ciclo de descalcificación del próximo lavado.
El agua de regeneración, cargada de cal y magnesio, va directamente al desagüe, igual que los restos de impurezas de la sal utilizada.
Por cierto, si necesitas usar sal (por encima de 40 º de dureza), no te dejes engañar por la publicidad de las multinacionales que te ofrecen “sal especial para lavavajillas”, -lógicamente mucho más cara- libre de impurezas, compacta, etc. Compra la sal “gorda” más barata que encuentres. Al fin y al cabo, las posibles impurezas se van a ir por el desagüe...
Resumiendo: te aconsejo que uses las pastillas “todo en uno”, pues no tienes que preocuparte (ni gastar) en sal hasta los 40 º. Lavan perfectamente, facilitan el secado por su efecto “abrillantador” y además protegen la cristalería.
¿Cómo deben usarse?. Se pone directamente la cápsula en el depósito destinado al detergente y se cierra. En el prelavado no actúa la pastilla, y cuando llega el lavado, se abre automáticamente el depósito y cae la pastilla, que se va disolviendo por capas según el proceso del lavavajillas. Si no te cabe en el depósito del detergente, ponla en la cuba o mejor en el cesto de los cubiertos. Pero en este caso NO utilices prelavado: ve directamente al lavado.
Espero que con estos consejos se te haga más fácil el uso del lavavajillas y te ahorres la sal, ya que no es necesaria hasta los 40º de dureza. Tu vajilla quedará mejor y tu cristalería brillará. Y además podrás ahorrar cada día