Ayer publiqué mi artículo sobre el modesto ventilador que, dentro de su sencillez, puede suavizar nuestros calores veraniegos con cierta efectividad. Hoy me he encontrado con dos interesantes comentarios a dicho artículo, que por su interés considero debo contestarlos en otros tantos nuevos artículos. Empezaré por el de un lector anónimo que me sugiere haga un nuevo artículo explicando la relación “precio-consumo-ventilación” de los ventiladores. A esta petición contesto hoy y en mi próximo artículo trataré del comentario de JESÚS, que, con acierto, dice que el ventilador, además de enfriar por evaporación del sudor, también lo hace por convección. Por eso este tema, ampliado, será objeto de mi próximo artículo.

Comencemos pues por el comentario de3l lector ANÓNIMO que transcribo seguidamente por su brevedad y concreción. Dice así:

Gracias por la lección Antonio, pero si me permites una sugerencia, te agradecería que nos analizases en una continuación de este excelente artículo la relación precio-consumo-ventilación de los productos, aunque elijas genéricos del mercado o los que tú conozcas, para poder orientarnos en la elección de compra.
Saludos.”
Comenzaré por decir que el ventilador es un aparato muy sencillo y elemental pues se compone de un motor eléctrico que puede tener diferentes potencias, para mayor o menor fuerza de ventilación, con unas aspas o turbinas en el caso de los de columna, que generan la corriente de aire. Pueden llevar, además, un dispositivo para que el flujo de aire permanezca fijo, orientado siempre en la misma dirección, u oscilante, para “barrer” un espacio concreto.
Para que se entienda mejor lo que luego expondré, voy a explicar en qué consiste la eficiencia energética de los aparatos electrodomésticos. Como concepto básico diría que la eficiencia energética es conseguir el mejor resultado del aparato (aptitud a la función) con el menor consumo energético posible. Cuando se trata de elementos complejos, como puede ser una lavadora, frigorífico, lavavajillas, horno, secadora, aire acondicionado, en todos ellos figuran dversos componentes que generan la función encomendada al aparato. Por ejemplo: una lavadora, cuya función es lavar, debe tener una cuba para contener el agua, un bombo o tambor dentro de ella para hacer girar a la ropa mojada mediante la acción mecánica que produce el lavado. Debemos añadir, además, un calefactor para calentar el agua, así como una bomba de vaciado, unas válvulas, un presostato, un circuito electrónico para controlar las funciones, así como un motor para hacer girar el bombo con la ropa. Se trata pues de un conjunto de elementos, con consumo eléctrico, de agua y de detergente.
Es evidente que cuanto más reduzcamos el consumo, menor será el coste en agua, detergente, calentamiento y consumo del motor. Por eso se planteó hace muchos años por la Comunidad Europea (actualmente Unión Europea) una clasificación energética que permitiera disminuir progresivamente los consumos en el futuro para que esas máquinas gastaran menos y, por añadidura, contaminaran menos manteniendo o mejor, superando, su aptitud a la función, que en el caso de la lavadora es lavar mejor.
De la letra G (menos eficiente) hemos llegado en pocos años a la letra A+++ como más eficiente. La diferencia de esos 10 escalones es que una lavadora de la clase energética A+++ consume solo UN 25 % de lo que consumía una lavadora de la clase D/E. Por lo tanto hemos conseguido un ahorro en consumo eléctrico del 75 %. Pero para ello ha habido que trabajar mucho en la eficiencia de los sistemas mecánicos del tambor, cuba, etc, así como en mejorar la acción de los detergentes, para lavar mejor y necesitar menor temperatura para igualdad de la calidad del lavado. Eso nos lleva a ahorrar en cantidad de agua, que a su vez lleva consigo tener que calentar esa menor cantidad y a menor temperatura, por lo que va subiendo la eficiencia energética y disminuyendo los consumos.
Esto mismo que he explicado es aplacable a los lavavajillas, a los frigoríficos, al airé acondicionado, etc, etc.
Sin embargo habréis notado que faltan unos aparatos habituales en el hogar como es la calefacción eléctrica, sea por radiadores, convectores, emisores térmicos, etc. etc. Todos esos aparatos se fundamentan en calentar por una resistencia eléctrica, más o menos sofisticada y con elementos como aceite, ventilación forzada, y muchas, muchas, tonterías. Sin embargo, la producción del calor en estos aparatos es de ” tanto consumen tanto calientan.” Una resistencia de 1.000 vatios conectada durante una hora consume 1 KWh y ese KWh se transforma en 860 Kilocalorías que son las que calientan, Ya puede ser de oro el aparato de calefacción eléctrico o del más sencillo material, que el consumo de 1 KWh producirá siempre la misma cantidad de calor y el mismo coste. Eso lo he ido repitiendo en numerosos artículos míos donde he puesto en evidencia los engaños de los “emisores térmicos “de bajo consumo”, que es una mentira, y así con todas las zarandajas que se quieran añadir.
Si la calefacción eléctrica por resistencia (esos emisores térmicos) fuera realmente de menor consumo para dar mayor cantidad de calor, existirían las clasificaciones energéticas como en los demás electrodomésticos. Pero lógicamente, como todos consumen igual a igualdad de potencia y facilitan la misma cantidad de calor, no pueden llevar etiquetas de eficiencia energética, pues físicamente no pueden existir unos calefactores más eficientes que otros. Todos son IGUALES. No hay ninguno que consuma menos o más que otro a igualdad de potencia y tiempo de funcionamiento.
Ahora volvíamos al ventilador. He dicho que es un aparato simple, con un pequeño motor eléctrico que viene a tener una potencia entre 20 y 50 vatios, cuando la calefacción eléctrica empieza por 500 vatios, y el aire acondicionado por unos 1.000 vatios de potencia. O sea que el ventilador casero más potente puede llegar a tener una potencia de 10 veces menor que el aparato de calefacción más reducido. (50 W-500 W). Y el único elemento de consumo en el ventilador es ese motor. Los motores entre ellos, siendo de la misma potencia tiene el mismo consumo. Lógicamente hay un rendimiento según su fabricación, pero si es del 95 %, por ejemplo, todos los motores de esa potencia andarán por ese mismo rendimiento, vatio más, vatio menos. No hay ningún otro factor en el ventilador quedó nos haga que pueda consumir más o menos. Ni entre fabricantes. Todos más o menos, sin diferencia apreciable, por igual. Solo se diferenciara el consumo en función de la “marcha” o potencia del chorro de aire que seleccionemos. Si tiene tres marchas, cada una de ellas ira consumiendo según el flujo de aire seleccionado.
Dicho esto, creo que queda meridianamente claro que en los ventiladores no existe la clasificación energética, pues TODOS consumen lo mismo a igualdad de potencia. Por consiguiente, a la hora de decidirse por un modelo, lo que debe hacerse es elegirlo para “su función” de sobremesa, de pié, de techo, etc. en cuanto a calidad, pensemos que un aparato tan sencillo poca diferencia de calidad puede encerrar uno respecto a otro. Más bien debe elegirse el tipo y la potencia del ventilador, y luego por el color, la estética, el precio, etc. Aquí lo que menos importa es la marca (todos están fabrricados en Asia). Pero sí importa dónde lo compras, para que luego, si tiene problemas puedas reclamar, pues la garantía, como el cualquier otro aparato, es de dos años, que por Ley debe darla el VENDEDOR. Y si no tiene reparación, exigir el cambio.
Espero haber aclarado las dudas de nuestro lector anónimo y que haya servido como orientación a todos los lectores. En el próximo artículo, como ya he explicado, trataré del tema planteado por JESÚS: la formas de enfriar el cuerpo mediante el ventilador y otros mecanismos autoreguladores.