NACHO, un lector del blog, ha dejado este comentario en mi artículoLa calefacción eléctrica por Emisores Térmicos de BAJO CONSUMO: La Gran Mentira (I)”. Admite que todos los calefactores eléctricos de resistencia consumen lo mismo para dar la misma cantidad de calor, pero también dice “…creo que dentro de estos aparatos es cierto que no todos aportan la misma “eficacia” a la hora de cumplir su cometido que al fin y al cabo es calentar una estancia.” Añade que “…la bomba de calor equivale a 4 veces el calor que aportan los emisores térmicos pero que sin embargo, estos últimos …el tiempo que tardan en enfriarse y seguir calentando una vez se desconecta es superior…”. Como sucede casi todos los días, aparecen nuevas dudas sobre los conceptos de creación del calor, consumo eléctrico, eficiencia o eficacia energética y sistemas de transmisión del calor. Aprovechando este comentario voy a intentar explicarlo una vez más. Veamos primero el comentario de NACHO, que dice así:

“Anónimo15 de enero de 2015, 12:29

Hola, buenas!!
Mi nombre es Nacho

Creo que aquí las personas se ofenden con demasiada velocidad, jeje, y quizá simplemente deberíamos ponernos en la situación de las personas que hacen el comentario, es decir, desde que punto de vista se toman el asunto…

Me encanta la forma en la que explica Antonio las cosas, claras y desde un punto de vista totalmente correcto y apoyado por la física, pero estoy totalmente de acuerdo también con Juan Palomo en su comentario.

A parte de que Antonio quiera separar los aparatos de resistencia eléctrica de las bombas de calor o no, creo que dentro de estos aparatos es cierto que no todos aportan la misma “eficacia” a la hora de cumplir su cometido que al fin y al cabo es calentar una estancia. Estamos de acuerdo en que ” la cantidad de calor que va al ambiente de una habitación es siempre la misma, 860 kilocalorías por cada kWh consumido EN APARATOS DE CALEFACCIÓN ELÉCTRICA POR RESISTENCIA” pero yo creo que a lo que Juan Palomo se refiere es que esas 860Kcal no son percibidas de igual forma según el tipo de emisor empleado pudiendo (por el mismo coste de la factura de luz, que creo que al final es lo que nos interesa) calentar la estancia completa, solo una parte, mantener el calor durante 1 minuto o durante una hora…

Por mi experiencia he podido comprobar tras muuuuchas pruebas y mediciones que el consumo (económico) de los emisores térmicos es superior a 4 veces el de una bomba de calor, así como el tiempo que tarda en calentar una habitación es infinitamente mayor y del mismo modo, el tiempo que tarda en enfriarse y seguir calentando una vez se desconecta es superior.
Sé que no he aportado nada con este comentario, solo quería decir que todos tenéis razón desde vuestro punto de vista, ya sea el punto de vista más puramente físico o el punto de vista práctico/económico.

Muchas gracias y ya estoy con “los lomos” preparados para aguantar cualquier correción por parte de Antonio, jeje
Un Saludo”

Pues sí, NACHO, has previsto que iba a hacerte algunas correcciones y puntualizaciones y son estas: Está claro que para calentar una habitación determinada se necesita una cantidad de calor concreta , Eso no varía, pues es física –y lógica- pura y elemental: para elevar la temperatura de una habitación desde un determinado número de grados a otro superior, es necesario aportar una cantidad de calor, que es siempre igual, sea el sistema o el aparto de calefacción por efecto Joule que se emplee.. Sentado esto, lo que cambia y da sensación de mayor o menor rapidez en el calentamiento y en la percepción del calor, es el sistema utilizado y la constitución del propio elemento calefactor. Primero hay que determinar esa percepción, el sistema de transmisión de ese calor: si es por radiación por convección o por conducción.
Como sabemos, la radiación es el sistema que se utiliza en las placas radiantes, halógenas, estufas de infrarrojos, etc, que proyectan el calor hacia el frente, con sus inconvenientes de que calientan “lo que ven”, pero no lo que queda a los lados y oculto. Lo que ocurre es que con el tiempo de funcionamiento finalmente al ir calentando los objetos, personas y cosas de la habitación, éstos a su vez van radiando calor hacia todos los puntos con lo que finalmente la habitación alcanza la temperatura prevista.
Si el sistema de transmisión del calor es por convección, se va calentando todo el ambiente al mismo tiempo, por lo que se nota un calor más agradable y envolvente, ya que desde el principio se va produciendo el ciclo de calentar al aire del suelo, que al pesar menos ya caliente, se eleva hasta el techo, para bajar de nuevo y volver a elevarse repitiendo continuamente los ciclos. 
El calor por conducción es cuando se pone en contacto directamente un objeto caliente con uno más frío, pasando parte del calor del caliente al frío hasta que se estabiliza la temperatura entre ambos. Es el sistema que menor influencia tiene en el caso que estamos hablando.
Así pues, por convección y radiación es como se calienta la habitación. Unas veces mayor por convección, otras por radiación y todas por la aportación de ambos sistemas en mayor o menor cuantía. Lo que es ABSOLUTAMENTE INVARIABLE es la CANTIDAD DE CALOR (consumo eléctrico) que se necesita para calentar la habitación, que ES SIEMPRE LA MISMA, por lo que el CONSUMO ELÉCTRICO final es siempre el mismo. Y eso es lo que siempre aclaro, discuto y demuestro: el consumo es siempre IGUAL, que es independiente del sistema más o menos agradable que lo transmita. Especialmente me meto con la absoluta falsedad de que un calefactor electrónico por resistencia aporte más o menos cantidad de calor en función del sistema. Por consiguiente, todos aquellos que publicitan un ahorro en energía eléctrica por un determinado tipo de transmisión del calor por su funcionamiento se están equivocando. Y si lo hacen a sabiendas, están mintiendo o estafando.
Indudablemente el calor aportado por una bomba de calor actual es, dependiendo de su COP, de algo más de 4 veces el calor aportado por los demás aparatos eléctricos de resistencia, por lo que, para dar el mismo calor, necesitan cuatro veces menos de consumo. Eso que parece tan raro, es lógico: el único gasto de energía eléctrica de la bomba de calor es la necesaria para que funcione el compresor, que BOMBEA el calor del exterior y lo transmite al interior. O sea que este aparato NO PRODUCER CALOR, solo lo mete de fuera a dentro.
Para terminar, el cuento chino de los emisores térmicos con su aceite “caloportador” o con sus cerámicas, calientan mucho tiempo después de haberse apagado el aparato, decidme ¿De dónde sale ese calor que sigue cediendo al aparato? ¿De generación espontanea? ¿Del propio líquido o cerámica que CREA calor de la nada? Pues claro que no. Cuando se pone en marcha uno de esos aparatos, al calentarse y emitir el calor al ambiente, lo primero que hace ese aceite, cerámica o lo que quieran ponerle, es tomar parte de calor que iba destinado al ambiente para calentarse el propio aceite o lo que sea, por lo tanto ESTÁ COGIENDO PARTE DEL TOTAL DEL CALOR GENERADO por el aparato, en lugar de ENVIARLO TODO, desde el principio, como hacen los calefactores sin esas gaitas, AL AMBIENTE. Ese calor que “roba” al que va al ambiente al principio, para elevar la temperatura de los “caloportadores”, es el que luego, al terminar de funcionar el aparato, el aceite o lo que sea, al estar a mayor temperatura, va cediendo ese calor, que fue el que “ROBÓ” AL PRINCIPIO. ¿Dónde está el milagro? ¿Dónde y quién genera ese calor de la nada? NADIE. Lo robó al principio y lo suelta al final. El consumo para calentar la habitación es siempre el mismo, y también la misma cantidad de calor. Creo que no es tan difícil de entender, por lo que espero quede claro, una vez más, y que los incrédulos pongan los pies en el suelo, y que los estafadores que manifiestan un supuesto ahorro energético de sus milagrosos aparatos les llegue su SAN MARTIN, Pero eso solo llegará cuando en España se cree un Ministerio de la Defensa del Consumidor. Brindo la idea al los políticos, ahora que estamos en la antesala de las elecciones: meter en sus ofertas electorales la creación del Ministerio de la Defensa del Consumidor. Y de que se elaboren las leyes de tal guisa que nadie pueda escapar a la mentira y al  engaño a sus clientes. Y cambiar la mentalidad de los jueces, pues en la actualidad hay muchos de ellos que son absolutamente incorruptibles; nadie puede inducirles a hacer  justicia.